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Prólogo
Ernesto Israel Santillán-Anguiano
Para Espinoza (2018) el diagnóstico desde su origen etimológico griego (dia, “a través de”, y gignosco,“conocer”) implica un tipo de conocimiento que se adquiere de forma indirecta, por lo que es considerado una aproximación a lo que pretende conocerse. Específicamente en el campo educativo, el diagnóstico cubre una gama amplia de fenómenos y actividades tanto de instituciones como de sujetos o grupos. En términos generales, el diagnóstico educativo es útil para generar información y consecuentemente tomar decisiones, por lo que en ese sentido cobra especial importancia el papel del contexto. Por ello, durante la dinámica de la investigación educativa, es importante incluir en el diagnóstico al elemento epistemológico para así incorporarlo de lleno al proceso metodológico (Arriaga, 2015).
En el caso de la investigación-acción, el llamado diagnóstico participativo se entiende como la posibilidad de construir respuestas a las necesidades del contexto (Folgueiras-Bertomeu, & Sabariego-Puig, 2018). En el mismo sentido, cuando se refiere al trabajo comunitario el diagnóstico se asume como una estrategia que tiene el objetivo de conocer el contexto real; se intenta con ello obtener información sobre el o los problemas que vive la comunidad, por lo que que el diagnóstico termina incorporando una visión sistémica del contexto (Lamus-García & Lamus-García, 2021). Desde un punto de vista sociológico, el diagnóstico pretende ser una iniciativa que proporciona un conocimiento más elaborado de las condiciones sociales que se problematizan y las cuales se busca modificar mediante un proceso de intervención (Cuellar, 2014).
De esta forma el diagnóstico educativo se convierte en la vía para que investigadores accedan a la realidad mediante el descubrimiento y no mediante la justificación falsacionista derivada del método popperiano. La idea inmersa en el diagnóstico educativo no busca la demostración/negación de una hipótesis, sino la búsqueda de soluciones o mejoras de los procesos educativos (Marí, 2007). Por ello, desde una visión epistémica y metodológica, el diagnóstico educativo mantiene un respaldo de validez y confiabilidad, las cuales se manifiestan al momento de descubrir, comprender y orientar los alcances de la intervención en el contexto (Coronado, 2020).
El presente libro da cabida a nueve textos de distintos proyectos de investigación e intervención, los cuales se enmarcan en el trabajo colaborativo entre estudiantes y docentes de la tercera generación del programa de la Maestría en Educación, adscrito a la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Autónoma de Baja California. En el primer texto que integra esta obra colectiva, González-Machado y Santillán-Anguiano inician su trabajo cuestionando sobre los límites semánticos y pragmáticos del diagnóstico. A partir de una revisión de literatura hacen un acercamiento al concepto en cuestión.

